Un estudio de YouGov encargado por ORGATEC revela que m�s del 40% de los trabajadores ha coqueteado con un compa�ero y que uno de cada tres ha tenido una cita en el entorno laboral. Analizamos qu� significan esos datos para el dise�o de una oficina y qu� decisiones concretas de mobiliario hacen posible que el encuentro entre compa�eros se produzca.
Durante los �ltimos a�os el debate sobre la oficina ha girado casi siempre alrededor de la productividad: cu�ntos puestos caben, cu�nto cuesta el metro cuadrado, cu�ntos d�as de presencia hacen falta. Un estudio reciente devuelve al primer plano una dimensi�n que se hab�a quedado fuera de la conversaci�n y que explica buena parte de por qu� la gente acude o deja de acudir a la oficina: las relaciones entre las personas que la ocupan.
ORGATEC, la feria internacional de equipamiento de oficina que se celebra en Colonia, encarg� al instituto YouGov una encuesta sobre una muestra representativa de m�s de 2.000 personas en Alemania. Los resultados dibujan un entorno laboral mucho m�s social de lo que sugiere el discurso habitual sobre la eficiencia.
El dato no es anecd�tico para la feria: ha servido para definir el lema de su edici�n de 2026, �From rooms to relationships� (de las salas a las relaciones), que se celebra en Colonia del 27 al 30 de octubre y que por primera vez sit�a a las personas y sus v�nculos en el centro del debate sobre el dise�o de espacios de trabajo.
Las cifras espa�olas son m�s contenidas, pero apuntan en la misma direcci�n. Una encuesta difundida por InfoJobs en febrero de 2025 entre su comunidad en redes sociales, con 8.576 respuestas recogidas, situ� en el 21% el porcentaje de participantes que ha mantenido una relaci�n sentimental en el trabajo: un 4% la manten�a en ese momento y un 17% la hab�a tenido en el pasado.
Hay un segundo dato de esa misma consulta que resulta m�s �til para quien tiene que decidir c�mo equipar una oficina: el 77% considera el lugar de trabajo un entorno adecuado para socializar y conocer gente nueva. La mayor�a espera que la oficina cumpla una funci�n que va m�s all� de sentarse a producir.
Conviene tomar ambas cifras con la cautela que merecen. La alemana procede de una muestra representativa de la poblaci�n de aquel pa�s; la espa�ola, de una consulta abierta entre usuarios de una plataforma de empleo, no de un sondeo con muestreo probabil�stico. Sirven para leer una tendencia, no para extrapolar porcentajes exactos.
La conclusi�n pr�ctica es menos rom�ntica de lo que parece. Las relaciones personales en el trabajo, sean amistades, v�nculos sentimentales o simple confianza entre compa�eros, nacen casi siempre de conversaciones que nadie hab�a convocado: el caf� de media ma�ana, los cinco minutos antes de una reuni�n, el comentario de camino a la impresora.
Esas conversaciones necesitan un sitio donde ocurrir. Cuando una oficina se compone �nicamente de puestos de trabajo y salas de reuni�n que hay que reservar, se elimina el territorio intermedio, y con �l desaparece la conversaci�n informal. No es una cuesti�n de ambiente: es una cuesti�n de mobiliario y de metros.
Este punto se ha vuelto m�s relevante desde la extensi�n del trabajo h�brido. Muchas empresas han reducido superficie tras implantar modelos de presencia parcial, y en ese ajuste lo primero que suele desaparecer son precisamente las zonas que no tienen un uso asignado. El resultado es una oficina m�s eficiente sobre el plano y m�s pobre en aquello que justifica el desplazamiento.
Mesas altas con taburetes, una mesa baja con butacas o un banco corrido junto a la ventana. El requisito no es el lujo, sino que exista un lugar donde dos personas puedan sentarse tres minutos sin ocupar un puesto de trabajo ajeno. Un sill�n de una o tres plazas con chasis de acero resuelve el rinc�n de conversaci�n sin obra ni instalaci�n, y aguanta el uso continuo mucho mejor que un sof� dom�stico.
La mayor�a de las conversaciones que importan son de dos personas, y sin embargo la sala m�s habitual es de ocho plazas. Las cabinas ac�sticas insonorizadas resuelven ese desajuste: a�slan una llamada o una videoconferencia dentro de una planta abierta sin necesidad de tabicar ni pedir licencia de obra. La cabina individual con mesa cubre el uso de una persona, mientras que los modelos con sof� y escritorio regulable permiten adem�s reuniones cortas de dos. Al ir sobre ruedas, se reubican cuando cambia la distribuci�n.
Es la contrapartida imprescindible de todo lo anterior. Un espacio pensado para que la gente hable necesita superficie que absorba sonido, o el ruido acaba expulsando a quien necesita concentrarse. La forma m�s discreta de conseguirlo es incorporarlo al mobiliario: una mesa con panel separador ac�stico doble delimita el puesto y amortigua la conversaci�n de al lado sin levantar ning�n elemento adicional.
Mesas en isla, sillas apilables y estructuras que se unan entre s� permiten reorganizar la planta seg�n la ocupaci�n real de cada d�a, que en un modelo h�brido var�a mucho de un lunes a un jueves. La serie operativa Panel responde bien a ese criterio: permite formar islas continuas, a�adir paneles separadores sobre la propia mesa y electrificar el conjunto con cajas de enchufes.
Una zona de encuentro se degrada r�pido si el asiento no est� pensado para uso intensivo. Conviene aplicar el mismo criterio que en el puesto de trabajo: en la categor�a de sillas de oficina operativas, el respaldo de malla, el mecanismo sincronizado y el soporte lumbar regulable marcan la diferencia entre una silla que dura tres a�os y otra que dura diez. Un ejemplo de esa combinaci�n es la silla operativa con respaldo de red y mecanismo sincro.
Dise�ar para el encuentro no significa convertir la oficina en un espacio abierto y ruidoso. El error contrario es igual de frecuente: plantas di�fanas sin ning�n refugio, donde nadie puede concentrarse ni mantener una conversaci�n discreta. Una oficina que funciona alterna zonas de concentraci�n, zonas de colaboraci�n y zonas de descanso, y separa ac�sticamente unas de otras.
La proporci�n depende del tipo de trabajo. En equipos con mucha tarea individual, la superficie destinada al encuentro puede ser reducida siempre que exista y est� bien resuelta. En equipos con mucha coordinaci�n, conviene ampliarla y aceptar que parte del espacio no tendr� un uso permanentemente asignado.
La demanda ha cambiado de forma perceptible. Frente al pedido cl�sico de puestos de trabajo en serie, crecen las consultas por zonas intermedias, soluciones ac�sticas y mobiliario de descanso, sobre todo entre empresas que han reducido superficie y necesitan que los d�as de presencia rindan m�s en cohesi�n de equipo.
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